Nos quitan los colores (La Voz de Galicia - Cartas ao director)
Rojo de la vergüenza, del cabreo, de la indignación. A Coruña mantiene el nombre del Hospital Juan Canalejo por cuestriones "tiempo, dinero y dudas". Tiempo, pide la conselleira para que se desarrolle el catálogo de "vestigios de la Guerra Civil y la dictadura", que serán excluidos de la aplicación de la ley antes de tomar ninguna determinación. Dinero, argumentan, por lo costoso del cambio. Y dudas, afirmó en su momento el diputado Cerviño, por el carácter de "verdugo y víctima" del falangista. Y, claro, nos quitan los colores... Juan Canalejo es un doloroso recuerdo del terror falangista y de la dialéctica de odio y muerte con la que esta organización, humillada en las urnas por los trabajadores, aniquiló la esperanza democrática de la República. Golpeó, saqueó, reventó. Crueles palizas. Puños y pistolas en la noche. Adiestrador de aspirantes a verdugo. Esos son todos sus méritos. No debe ser homenajeado con uno de los edificios más prestigiosos y queridos de la ciudad. La propuesta de cambiar el nombre al centro por el de Nóvoa Santos, prestigioso médico coruñés, parece más que acertada, digna y respetable. La nomenclatura de hospitales que han cambiado su nombre para no honrar a quienes nos deshonraron es amplia: Francisco Franco en Madrid (hoy HGU Gregorio Marañón) y Barcelona (Vall d'Hebrón), Hermanos Pedrosa de Lugo (Xeral-calde), Almirante Vierna de Vigo (hoy Cíes) y un largo etcétera. Tanto que demuestra que los nombres no hacen a las instituciones, pero las instituciones honran a los nombres que llevan.
Isabel Faraldo Calvo
Delegada electa da Xunta de Persoal do CHU Juan Canalejo. A CORUÑA

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